|
Cien Años después,
Ecos de Luz, con el Padre Yermo a la Tarahumara
No será fácil
plasmar en el papel las emociones de este viaje, es un poco como dice
el Padre Yermo hablando del viaje de él y las Hermanas a Carichí,
“cuanto en el particular tratara de decir sería poco quedando mi
pintura sin vida a causa de la palidez de los colores que empleara.”
Al inicio del año
2003, la Hermana Juana María Herrera, me comunicó que en Chihuahua
deseaban que para el Centenario de la “Amiga de la Obrera” fuera con
el Grupo de “Ecos de Luz” y que ellas nos iban a apoyar con transporte
y hospedaje. Aquello me pareció venido del cielo, pues yo abrigaba el
sueño de ir con ellos al Centenario de la Tarahumara, no sabía como le
haríamos pero el sueño estaba ahí. Aquella invitación era como una
puerta abierta, y aceptamos el compromiso.
Autorizado el viaje
por la Madre Magdalena Sofía Juárez, Superiora General, nos preparamos
con esmero y no sin dificultades y contratiempos. Como algunas buenas
voces del Grupo habían salido del país, pedí apoyo a otras personas,
que después de decir sí, dijeron no, y en eso comprendí que el Señor
me decía que : “Son los que yo elijo, no los que eliges tú”. Entonces,
dejando todo en sus manos continuamos nuestros preparativos. Teníamos
que pintar nuestro festival con colores norteños, con la alegría de su
música y la nobleza de su gente. Gracias a Dios, Erik Ochoa Sánchez el
mismo autor de “Una Semilla de Amor”, aceptó poner música a dos temas
que le dí: “Región Bravía” y “Nacida para Servir”.
Salida de Puebla
El 28 de noviembre
después de orar todos en la capilla, salimos de Puebla a las 3:30. La
salida fue emocionante, pues todas las Madres, Hermanas y postulantes
de esta Casa Central salieron a despedirnos. Éramos un total de 28
pasajeros y dos conductores. El autobús era el número 1280 de
Estrella Blanca, proporcionado por Don Salvador Sánchez.
Saliendo de Puebla
les di el itinerario de viaje, plasmado en una hoja tamaño carta de
opalina con mapas de México y de Chihuahua. Expliqué el recorrido y
los motivé para ir conociendo en el trayecto nuestro país. Hacia las
ocho y media de la noche en Paradero “San Pedro” cerca de Querétaro
bajamos a cenar algo calientito. Después bajamos un rato en San Luis
Potosí. A media mañana del día 29 ya en Camargo desayunamos y
descansamos un rato, corriendo y tomando fotos en un bonito parque.
Ahí colocamos al
frente del camión la manta: “Todos con Cristo debemos ser Misioneros”.
Llegando a Chihuahua
A las 24 horas de
haber salido de Puebla, llegamos a la Casa Provincial de Chihuahua,
donde nos alojaron gentilmente. En la capilla agradecimos al Señor su
compañía, en el viaje. Ahi mismo en la Casa Provincial, por la noche,
las Hermanas y mi familia, ofrecieron a “Ecos de Luz” una cena de
bienvenida, con unos sabrosos burritos y un trompo de tacos. Todos
convivimos en alegría y las pequeñas sobrinas cantaron y contaron
chistes, después Ecos de Luz, cantó para Erik, “Una Semilla de Amor”.
Carichí
Amaneció el 30 de
noviembre y la Madre Enedina Mata, llegó desde Carichí por nosotros;
ella traía una troquita y un chofer el camión . Terminando de
desayunar pusimos el equipaje en la troquita y abordamos el camión.
Eran las ocho de la mañana. De prisa nos pusimos en camino, admirando
todo el recorrido. Llegamos cerca de las 11 a la Capilla de San
Antonio, donde el Padre Yermo celebró la primera Misa en tierras de
Misión, aquel 31 de enero de 1904. En medio de mucha emoción
observamos el lugar donde quedaría la Hacienda de Don Desiderio, donde
hospedaron al Padre Yermo y las Hermanas en su viaje a Carichí. Luego
asistimos a la Celebración de la Eucaristía cantada por “Ecos de Luz”
y muy emotiva, porque el Padre siempre hizo alusión a nuestra visita y
nos invitó a la Madre Enedina y a mi, a explicar la razón de nuestra
presencia ahí.
La emoción de
nuestra llegada a la primera casa Misión que tanto amó el Padre Yermo,
creció hasta el límite cuando al llegar a Carichí, encontramos que la
escultura del Padre Yermo, que estaban apenas colocando nos recibía
con los brazos abiertos. A mi se me hizo un nudo en la garganta pues
hacía unos días yo la había visto en Puebla y me dije, ¿para cuando
estará esta escultura en Carichí? Nunca pensé encontrarla ahí a
nuestra llegada y más me sorprendí cuando el chofer nos dijo que en la
mañana que se fueron por nosotros aún no estaba. Sentí como si el
Padre Yermo, tuviera prisa en decirnos que estaba contento de que
estuviéramos ahí.
Después de
contemplar un rato aquella escultura, orar y gritar porras, abordamos
el camión para llegar hasta la casa de las Hermanas, donde nos
esperaban otro sin número de detalles y sorpresas. Todas las internas
estaban en la calle esperándonos y al bajar nos saludaban con tanto
cariño que todos nos conmovimos. Ayudaron con gran generosidad a bajar
el equipaje y después de ir a la capilla a dar gracias al Señor, nos
llevaron al comedor donde encontramos todo de fiesta y un hermoso
letrero que decía “Bienvenidos a Casa”. Luego nos sirvieron una
sabrosa barbacoa, y comimos felices junto con las internas y las
Hermanas. Después fuimos a conocer el pueblo y a prepararnos para el
festival que presentamos a las 7 de la noche en el Gimnasio Municipal,
con gran afluencia de personas del pueblo.
En la cena nos
acompañó el Presidente Municipal con otras personas y al final unas
niñas tarahumaras, nos conmovieron mucho con sus preciosos cantos
propios de la Región. Luego fuimos a ver y adquirir algunas
artesanías elaboradas por las mismas niñas. Las internas dejaron su
dormitorio para hospedar a Ecos de Luz y por la noche encendieron los
calentones, de manera que el dormitorio estaba muy acogedor como lo
había estado cada detalle en Carichí. Ahí convivimos con la Madre
Enedina Mata Carrillo y las Hermanas: Minerva Sirenia Gutiérrez Reyes,
Margarita Santiesteban Jáquez y Ma. del Carmen Durán López.
Creel
El día 1º. de
diciembre amanecimos de viaje para Creel, en el mismo camioncito que
nos transportó de Chihuahua a Carichí. La Madre Enedina gentilmente
otra vez viajó en la troquita hasta Creel, para llevar nuestro
equipaje. Nos despedimos de ella y en el mismo camión nos fuimos con
la Madre Trini y la Hermana Laura a conocer el lago de Arareko, que
aunque nos dijeron está bajo de nivel, nos pareció precioso. El agua
azul, el cielo límpido y todo rodeado de pinos, es un paisaje de
ensueño. En toda la naturaleza se respira limpieza, acogida, cariño.
Después de
disfrutar el lago, abordamos de nuevo el camión, y admirando la
belleza de los pinos y montañas, nos fuimos a Cusárare, “lugar de
Águilas” . Ahí hace poco se construyó el “Museo Loyola” con pinturas
muy valiosas. Hay un templo que fue construido por los Jesuitas en
1741. El Museo es atendido por señoritas Tarahumaras, y nos sorprendió
la desenvoltura y sencillez con que la guía, explicó cada uno de los
cuadros.
A nuestro regreso
disfrutamos una sabrosa comida que las Hermanas nos prepararon y luego
fuimos a llevar el equipaje a las cabañas donde se hospedarían todos
los Ecos de Luz. Por la noche en el Templo Parroquial presentamos el
festival: “Cien Años Sembrando Luz y Cosechando Amor”. En Creel, nos
dio mucho gusto ver a la Hermana Margarita Cortés quien participó con
Ecos de luz, cuando el grupo nació. Las Hermanas Laura Susana Jáuregui
y Laura Alicia Ronquillo participaron con su actuación en la
presentación de Creel y se ofrecieron generosamente para actuar con el
Grupo en la presentación de Chihuahua.
Por la mañana del
día dos de diciembre las Hermanas nos invitaron a subir a la montaña
donde está una gran imagen de Cristo Rey. Un poco jadeando, y mucho
después de que la Madre Trini y la Hermana Laura ya estaban arriba
fuimos llegando los demás poco a poco.
Apenas nos dio
tiempo de bajar y preparar todo para irnos a la estación. La Madre
Trini nos había anticipado que el tren pasa de prisa que hemos de
estar muy listos para abordarlo y que también en el Divisadero,
tuviéramos cuidado porque dan poco tiempo y que luego se juntan el
tren que va de Chihuahua y el que viene de Mochis, que no nos fuéramos
a confundir. Agradecimos de corazón a la Madre Ma. Trinidad Torres y
a las Hermanas, todas sus atenciones y su acogida; lamentamos no haber
convivido más con ellas, pero nuestra presencia en Creel la sentimos
como un relámpago. Fue no obstante muy emotiva y llena de recuerdos.
Con las
recomendaciones recibidas, estuvimos muy listos para abordar. Nos
sorprendió la organización del personal del ferrocarril, pues apenas
paró el tren y un señor bajó de prisa diciendo: ¡El Grupo de la
Hermana! ¡El grupo de la Hermana por aquí! Sabían muy bien que ahí
abordaría un grupo que iba a Bahuichivo, pues las Hermanas de Creel
nos hicieron el favor de conseguirnos pases, cosa que les agradecemos
mucho, ya que esos pasajes son caros. De corazón Dios se los pague.
En
el Chepe
Acomodado el
equipaje, nos sentamos tranquilos a admirar el paisaje. Uno de los
guías nos explicó el recorrido del tren, los túneles que pasa y
lugares importantes. Me pareció que ese era el momento oportuno
para sacar los aguinaldos que con chocolates para el frío llevaba
preparados desde Puebla y así les dije: “Esta es
nuestra convivencia Navideña y por eso que mejor lugar, que este para
darles su aguinaldo. Hemos estado ya en dos lugares de la Sierra y
ahora nos internamos en la parte más cerrada y hermosa”. Después de
los aplausos y entusiasmo vino un rato de expectación y silencio por todo lo que estábamos viviendo.
Algunos no
resistieron la tentación de irse a las terrazas para observar el mismo
paisaje pero sintiendo el aire frío de la Sierra.
Pequeño se nos hizo
el tramo recorrido cuando nos informaron que estábamos a punto de
llegar al Divisadero. Con gran emoción descendimos del tren para vivir
ese momento que se inmortalizaría en la memoria afectiva de todos.
Estábamos ahí, frente a ese paisaje imponente de las Barrancas del
Cobre. Apenas nos dio tiempo de apartar nuestros ojos de tal belleza y
comprar unas gorditas, cuando el silbatazo del tren nos hizo subir de
prisa y continuar nuestro viaje.
Cerocahui
A la voz de
¡llegamos a Bahuichivo!, entre todos bajamos de prisa el equipaje. En
el andén un buen norteño se acercó y nos dijo: “El grupo que va a
Cerochaui, por acá”. Lo seguimos hasta donde tenía estacionado el
camión que nos llevó en media hora hasta Cerocahui. Apenas se
estacionó el camión, cuando un hermoso grupo de chiquillas apareció
ante nosotros pidiendo ayudar con el equipaje, eran las niñas del
Internado. En Cerocachui era día de fiesta y apenas llegamos a la
Casa: “Tehuecado Santa María de Guadalupe”, cuando se acercó un señor
para decirnos que ya iban a matar la otra vaca y que nos esperaban
allá. Se trataba de un rito especial en la fiesta patronal, era el dos
de diciembre y a otro día sería la fiesta de San Francisco Javier.
Durante el rito, el Padre nos explicaba que el ofrecimiento del
incienso, es una oración en la que el Tarahumar siente la
responsabilidad de purificar el mundo de la maldad, él ora para que el
mundo sea iluminado, para que pase de la oscuridad a la luz. Al matar
la vaca, pidieron a Luis Felipe (de Ecos de Luz) que les hiciera el
honor de recibir la sangre y se mostró muy valiente al hacerlo.
Estuvimos ahí un
rato y luego fuimos al Internado donde cenamos y todos jugaron y
convivieron animadamente con las niñas en el patio. A esa hora nos
comenzamos a preocupar porque no llegaban algunos del grupo que habían
aceptado el ofrecimiento de una señora de ir por un costal de
manzanas. Cuando llegaron, nos dijeron que de ida contemplando todo no
sintieron el camino, pero al regreso se dieron cuenta de lo lejos que
habían ido pues veían la casita en un cerro lejano.
Al anochecer fuimos
al templo donde se inició la procesión con el baile del Matachín. La
fiesta continuó toda la noche. La gente en grupos se calentaba en
fogatas encendidas para esto, mientras las danzas se sucedían una a
otra, en las que participaron también las niñas del Internado con el
baile del Pascol . Algunos nos quedamos hasta la Misa de medianoche.
En las llamadas
para preparar el itinerario, la Hermana Catalina Orpineda, nos dijo
que en Cerocahui, ya estaban limpiando los gallineros para hospedarnos
y ¡vaya que gallineros encontramos! un flamante dormitorio recién
inaugurado y ¡Cuánto nos conmovió estrenarlo!, al punto de que
encontrando las camas de tal manera arregladas para ser ocupadas, que
los Ecos de Luz decidieron no ocupar las sábanas que cada quien
llevaba sino recibir lo que les estaban ofreciendo.
El día 3 por la
mañana el viaje fue hacia el Gallego, y dejando este atrás, subieron
hasta la cumbre, desde donde se contempla, toda la barranca y el Río
Urique. El paisaje es espectacular, uno de los rincones más bellos de
la Sierra. Las Hermanas con gran delicadeza llevaban preparado todo
lo necesario para asar una carne allá arriba y comerla con un sabroso
arroz.
Por la tarde se
presentó el festival en el patio de la escuela con gran concurrencia
del pueblo. En la cena nos acompañó el Padre Javier Campos a quien
llaman “el Gallo”, agradeció nuestra visita y charlamos contentos con
él. Por la mañana antes de partir nos apresuramos a dejar lavadas las
sábanas pues nos dimos cuenta que no tienen lavadora y las Hermanas
son solo tres, ( La Hna. Catalina no estaba) con todo el trabajo de la
escuela y del internado. A la Madre Lourdes Teresa Ortega Gutiérrez y
las Hermanas Alba Patricia Chacón Baca y Carmelina Ramírez Rendón, las
vimos como hormiguitas atendiendo a todo y les agradecimos su
dedicación y cariño, expresado en detalles. Antes de partir las niñas
nos cantaron en tarahumar, sentidas canciones y nos despidieron con
gran cariño. Conmovidos emprendimos nuestro regreso a Chihuahua
abordando de nuevo el camión hasta Bahuichivo y de ahí el tren hasta
la capital.
Chihuahua
Durante nuestro
recorrido gozamos de nuevo los hermosos paisajes de la Sierra, sus
imponentes barrancos, sus altos pinos, los túneles del tren y por
supuesto no faltó quien también se fue a gozar un poco a los carros de
restaurant y de bar del tren. Corto se nos hizo el recorrido de más de
diez horas, desde Bahuichivo hasta Chihuahua, a donde llegamos cerca
de las diez de la noche. Ya estaban en la estación las Hermanas Juana
María Herrera y Dora María Flores, con las familias que hospedarían a
los viajeros.
El día 5 por la
mañana nos fuimos a un tours por la ciudad, visitando el Templo del
Sagrado Corazón, el Museo de Pancho Villa, la Quinta Gameros y de
prisa regresamos a la Amiga de la Obrera para la develación de la
placa conmemorativa y disfrutar después una sabrosa comida.
Ecos
de Luz en el Auditorio Municipal de Chihuahua
El Festival Musical «Cien Años Sembrando
Luz y Cosechando Amor»
que presenta el Grupo “Ecos de Luz”
quiere ser un canto de gratitud a Dios
por
la vida santa y fecunda de su fiel
Siervo San José María de Yermo y Parres.
Un canto de gratitud, especialmente por
el arribo a este
Primer Centenario de su obra en
Chihuahua.
La Amiga de la Obrera y las casas de la
Sierra Tarahumara son un testimonio de
su ardiente celo misionero
y un estímulo para todos los cristianos.
Participantes en el
festival
Eduardo Caselín Calderón
Laura Isabel Espinosa de Caselín
Jannet Marcela Caselín Espinosa
Ma. de Montserrat Caselín Espinosa
Josefina Evelia Morales Marín
Adriana Landa Morales
Montserrat Landa Morales
Karen Rueda Montes
Silvia Montes Barbosa
María de Lourdes García García
Luis Felipe Sánchez España
Lorena Castillo de Rosas
Alejandra Rosas Castillo
Luisa María Vela Marín
Elitania Vela Marín
Neftalí Sánchez Aponte
Mónica Gómez
Verónica García García
Berenice Peña Herrera
José Rey García Lara
Vidal Rosas
Francisco Javier Farfán
Hna. Leticia Morales Alvarado
Hna. Judith Villanueva González
Hna. Laura Alicia Ronquillo
Hna. Laura Susana Jáuregui
Actuación especial del Grupo "Beanda" de
Tito Villalobos
Dirección General
Hna.Clara Estela
Sánchez Olivas
Había llegado el
gran momento de nuestra presentación en Chihuahua. Después de un breve
ensayo y con el auditorio lleno de gente y el corazón henchido de
emoción presentamos el festival “Cien Años Sembrando Luz y Cosechando
Amor”, durante el cual cosechamos lluvias de aplausos por cada escena
que conmovía al público ¡y gracias a Dios fueron muchas!. Varias
personas, Madres y Hermanas nos manifestaron lo conmovidas que estaban
por el festival y lo mucho que les había gustado. Agradecemos de
corazón al Señor el habernos permitido llevar este mensaje de amor de
San José María de Yermo.
Nuestro último día en Chihuahua
El
día 6, mientras
algunos se fueron a conocer otros lugares de la ciudad, el Palacio de
Gobierno, el calabozo de Hidalgo y a comprar recuerditos en las
Artesanías, me di a la tarea de ir a comprar los quesos que la mayoría
encargó y a conseguir sotol, para que todos lo probaran, pues después
de cantar y cantar: “Tierra que sabe a cariño, tierra que huele a
sotol”, todos querían conocer el sotol.
A la una nos
reunimos todos en Catedral para la Misa solemne por el Primer
Centenario de la”Amiga de la Obrera” .Eucaristía presidida por el Sr.
Obispo de Chihuahua Sr.José Fernández Arteaga y concelebrada por
algunos Sacerdotes. Después participamos del ágape fraterno, un
banquete ofrecido con mucho amor y generosidad y en el que
participaron un buen número de Siervas y amistades. Hacia las
cinco de la tarde emprendimos nuestro regreso a la Amiga de la Obrera;
nos
detuvimos en el Mirador, desde donde nos despedimos de la hermosa
ciudad de Chihuahua y nos tomamos algunas fotos.
Adios Chihuahua
A las siete de la
noche de ese día 6 de diciembre abordamos de nuevo al camión para
nuestro regreso a Puebla. Los conductores del Camión 1280 de Estrella
Blanca: Jorge García García y Sebastián Marcelino García, con quienes
habíamos viajado de Puebla a Chihuahua, de nuevo estaban ahí presentes
con su característica amabilidad y paciencia. Las Hermanas nos
equiparon bien para el camino con burritos, galletas y refrescos. A la
salida de Chihuahua, en vasitos desechables repartí a todos un trago
de sotol y brindamos y agradecimos al Señor por nuestro viaje. Fue ese
un momento solemne y lleno de vida, era conmovedor escuchar a las
adolescentes pedir permiso a sus papás para tomarlo. Fue como un
momento en el que en un trago de sotol poníamos todo el cariño que
nació en cada uno para Chihuahua y su Sierra Tarahumara, que quedó
grabada en el corazón de todos los del Grupo y nuestros acompañantes.
De
norte a sur
Cansados pero muy
contentos, todos los viajeros nos sumimos en los asientos del camión y
nos dormimos. La mayoría veníamos ya resfriados. Hacia la madrugada
paramos en Cuencamé, Durango, pues algunos querían traer a sus
familias sotol y pasamos a una fábrica casera para comprar algunos
litros. El día 7 todos perezosos desayunamos los ricos burritos que
nos habían puesto como lonche las Hermanas de la “Amiga de la Obrera”
y como a la una de la tarde llegamos a Querétaro para asistir a Misa y
ahí mismo comer algo.
A las 8 de la noche
el camión se detuvo a la puerta de la Casa Central y después de bajar
todo el equipaje y despedir a los conductores, fuimos todos a la
capilla para dar gracias y ahí le cantamos al Padre Yermo el canto que
aprendimos de las niñas de Carichí:
Hna. Clara Estela
Sánchez Olivas
El Son Tarahumara
Caminaremos por un
camino
hasta el final de
la vida
Caminaremos por un
camino,
dame la mano mi
hermano.
Quiero oir el son,
el son Tarahumara,
El son Tarahumara
que es el eco de
amor.(bis)
Esta Sierra
Tarahumara
es la madre de la
vida
En la Sierra de
este mundo
es donde todos
nacimos.
Por ti vive la
canción,
en toda la sierra,
Sierra Tarahumara
que es el eco de
amor. (bis)
Nos amemos como
hermanos,
sin distinguir el
color de la raza
Todos somos de este
mundo,
dame la mano mi
hermano.
Quiero oir el son…
|