Sacerdote

Padre de los pobres

Fundador

Gigante de la caridad

Misionero

Educador


San JoséMaría de Yermo y parres

“Fidelidad de Cristo, fidelidad del sacerdote” ~ San José María de Yermo y Parres

La Iglesia y el mundo necesitan hoy como ayer, sacerdotes santos, sacerdotes que vivan su identidad sacerdotal a cabalidad. El Papa Benedicto XVI, invita a los sacerdotes a vivir la "ciencia del amor", que sólo se aprende de "corazón a corazón" con Cristo. Los llama a cooperar eficazmente con el misterioso "designio del Padre", que consiste en "hacer de Cristo el corazón del mundo"

Veamos cómo vivió el Padre Yermo su sacerdocio, haciendo vida lo que el Papa pide hoy, pues vivió la ciencia del amor, cooperó eficazmente con el designio del Padre y vivió hace 130 años los desafíos que la Iglesia en América Latina hoy presenta a los sacerdotes.

Vocación

En el seminario sus superiores decían de él que tenía “un alto espíritu de oración, muy claro talento y un gran celo apostólico.” Estas cualidades le ayudaron a profundizar y crecer cada día en su vida sacerdotal.


Estuvo un tiempo en la Congregación de los Paúles, quedando altamente influenciado por la espiritualidad y vida de San Vicente de Paul. Descubriendo que ese no era su camino ingresó al Seminario de León, Guanajuato, México. El 24 de agosto de 1879 fue ordenado Sacerdote, en la Catedral de León. Ahí mismo al día siguiente celebró su primera Misa, cuyo recuerdo le acompañó toda la vida: “¡Mi primera Misa! ¡Qué dulce recuerdo trae a mi mente!"1. Se dedicó con entusiasmo a su ministerio sacerdotal. Era muy estimado, y ocupó algunos cargos en la Catedral de León. A la muerte del Obispo que le ordenó sacerdote, el prestigiado Señor Don José de Jesús Diez de Sollano, tomó la diócesis de León Don Tomás Barón y Morales, quien designó al Padre Yermo dos capellanías en la periferia de la ciudad, siendo ahí donde descubre con mayor intensidad el llamado a servir a los más pobres.

San JoséMaría de Yermo y parres

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¿Cómo vivió su sacerdocio?

El Padre Yermo supo vivir hace 130 años, los tres grandes desafíos que la Iglesia en América Latina hoy presenta a los sacerdotes en los números 193 a 195 del documento de Aparecida.

El primer desafío dice relación con la identidad teológica del ministerio presbiteral.

“El sacerdote no puede caer en la tentación de considerarse solamente un mero delegado o sólo un representante de la comunidad, sino un don para ella por la unción del Espíritu y por su especial unión con Cristo cabeza. ‘Todo Sumo Sacerdote es tomado de entre los hombres y puesto para intervenir a favor de los hombres en todo aquello que se refiere al servicio de Dios”. (Hb 5,1). (DA 192) El Padre Yermo tenía una clara conciencia de su identidad sacerdotal, así lo manifiestan sus notas espirituales, en las que dice:

“Yo sacerdote, consagrado y constituido mediador entre Dios y los hombres, con gracias y poderes inauditos para hacerme Ministro y ejecutor de la voluntad de Dios que quiere que todos los hombres se salven... No permitas que mis infidelidades me separen de Ti...”2.

“Somos también santificadores, pues por nuestro ministerio vienen al mundo las gracias y por mas malos y miserables que seamos, cuando rezamos nuestro Oficio, bendecimos, predicamos, etcétera, abrimos en favor de los fieles los cráteres de las gracias del cielo”3.

“El ministerio sacerdotal y las funciones que desempeño, son santas; luego para llenar mi deber, necesito ser santo"4.

“Sé que soy otro Cristo y por esto llevo la bendición, la salvación y la presencia divina, aunque yo no lo sienta y sea para mí mismo un misterio tremendo que jamás podré comprender”5.

El segundo desafío se refiere al ministerio del presbítero inserto en la cultura actual.

“El presbítero está llamado a conocerla para sembrar en ella la semilla del Evangelio, es decir, para que el mensaje de Jesús llegue a ser una interpelación válida, comprensible, esperanzadora y relevante para la vida del hombre y de la mujer de hoy, especialmente para los jóvenes”. (DA 193)

Toda la vida y actividad del Padre Yermo, refleja la visión clara que tenía de la cultura; de las estructuras sociales. Por familia sabía lo que era pertenecer a las clases acomodadas de su tiempo, más a la vez desde pequeño había estado en contacto con la pobreza, a través de los indigentes que llegaban a la puerta de su casa, de los peones de la Hacienda y más tarde su experiencia con los Paúles. Hay sin embargo un hecho en su vida que le hizo descubrir con mayor claridad su vocación específica a los más pobres.

Un día al cruzar el río de paso a "El Calvario" que era una de sus capellanías, se encontró con unos puercos que estaban devorando a dos pequeñuelos recién nacidos. Aquel golpe, dada su fina sensibilidad, fue definitivo. Se abrió ante sus ojos el panorama del México de su tiempo: analfabetismo, marginación, miseria, ignorancia, explotación de la mujer… sintió en su corazón que tenía que hacer algo muy concreto y fundó su primer asilo para pobres a un costado del templo del Calvario. Al hacerse ayudar de unas señoritas, nació entre sus manos laCongregación de “Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”. Congregación que perpetúa hasta hoy el carisma de amor y servicio a los más necesitados. Aquél Primer Asilo, nacido en una colina de la ciudad, fue el principio de su vasta obra de promoción social y evangelización que se extendió más tarde a la ciudad de Puebla y de ahí a diversos puntos de la República Mexicana, fundando Escuelas, Casas Hogar, Asilos para ancianos, Hospitales y Misiones.

“El me hizo Sacerdote para que mejor le ame y le sirva como a mi bondadoso Padre, para que más fácilmente me santifique y sirva a mis hermanos más desamparados. A pesar de mis miserias, cada día le prometo ser fiel y santificarme. El me dará su gracia y yo cumpliré mi promesa” . El tercer desafío se refiere a los aspectos vitales y afectivos, al celibato y a una vida espiritual intensa fundada en la caridad pastoral6.

El tercer desafío se refiere a los aspectos vitales y afectivos, al celibato y a una vida espiritual intensa fundada en la caridad pastoral.

Este desafío que implica una profunda comunión con Dios y de comunión con los hermanos, el cultivo de relaciones fraternas con el Obispo y los demás presbíteros de la diócesis y con los laicos, también lo vivió ampliamente el Padre Yermo. En él descubrimos un hombre de oración, maduro en su elección de vida por Dios, una gran devoción a la Santísima Virgen, mortificación y entrega apasionada a su misión pastoral. (cf. DA 95)

Hombre de oración

“En tu Corazón Santísimo, descargo todos mis temores y pesares, deposito ahí todos mis anhelos, mis esperanzas y todo mi amor. Quedo tranquilo, sé bien que todo mi ser está en tus manos”7.

“Oración y más oración. Allí está mi fortaleza para alcanzar la gracia de no querer nunca cosa alguna, que no sea la voluntad de Dios”8.

Servicio pastoral a las almas

Siempre manifestó un gran interés por el bien de los demás. Siendo un joven apenas, fundó una asociación juvenil llamada “El Ángel de la Pureza”. Cuando era seminarista acudía a barrios pobres a dar catecismo. En cuanto fue ordenado sacerdote se dedicó con empeño a ejercer su ministerio con gran unción y entrega. Fundó nuevos centros de Catecismo, ayudó a organizar en el mes de mayo, peregrinaciones, rosarios, cantos, ofrecimientos de flores, con gran cariño a la Madre Santísima de la Luz; intensificó la predicación y la atención espiritual para provecho del pueblo. En sus capellanías logró un gran florecimiento de fe y fervor y gran cantidad de personas acudían a los lugares donde predicaba. Logró la conversión de judíos y masones. “Personas de todo sexo y condición acudían a él para oír sus consejos y consultarle en los casos difíciles, atraídos por su vasta ilustración, su grande prudencia y nunca desmentida virtud”9.

Entrega total a su ministerio sacerdotal y a su misión pastoral

Supo unir perfectamente su ministerio sacerdotal con la promoción social de los pobres. Celebraba con gran unción la Eucaristía, quienes asistían a ellas comentaban verlo como transportado, como un ser que no era de este mundo. Su intensa labor social siempre estuvo totalmente unida a la vivencia de su sacerdocio y a una profunda espiritualidad. El Padre Yermo, vivió en su tiempo lo que el documento de Aparecida dice hoy:

“El presbítero, a imagen del Buen Pastor, está llamado a ser hombre de la misericordia y la compasión, cercano a su pueblo y servidor de todos,

 

particularmente de los que sufren grandes necesidades. La caridad pastoral, fuente de la espiritualidad sacerdotal, anima y unifica su vida y ministerio. Consciente de sus limitaciones, valora la pastoral orgánica y se inserta con gusto en su presbiterio”10.

Conociendo la profunda espiritualidad sacerdotal del Padre Yermo y su intensa labor pastoral y social, el Papa Juan Pablo II dijo en la homilía de su beatificación:

«La gracia del Espíritu Santo resplandece también hoy en otra figura que reproduce los rasgos del Buen Pastor: el Padre José María de Yermo y Parres. En él están delineados con claridad los trazos del auténtico sacerdote de Cristo, porque el sacerdocio fue el centro de su vida y la santidad sacerdotal su meta. Su intensa dedicación a la oración y al servicio pastoral de las almas, así como su dedicación específica al apostolado entre los sacerdotes con retiros espirituales, acrecientan el interés por su figura”(Juan Pablo II)11.

La alta y profunda vivencia de su sacerdocio no fue fácil; se asemejó a Cristo en su sacerdocio doloroso que se hace pleno sobre la cruz y triunfa en el gozo de la resurrección. Conocer al Padre Yermo, es adentrarse en el misterio sacerdotal vivido por un hombre fiel en descubrir en todas las circunstancias de su vida, el querer de Dios. Se dejó invadir por el Espíritu y así su sacerdocio fue fecundo en cada una de las facetas de su vida.

“Quiero imitar a Cristo mi buen Jesús, que vino a enseñarnos con su palabra y con su ejemplo, el amor de preferencia para con los pobres y desvalidos que el mundo desprecia”12.

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1. YERMO Y PARRES J.M.,Cartas Circulares n 132 p 177.
2. Ibídem pág. pág. 36.
3. Apuntes de Ejercicios espirituales a sacerdotes, Puebla, enero de 1891 N.4426 Apy. Pag, 9.
4. José María de Yermo y Parres. A Solas Con Cristo. Editorial Tradición, México 1977 pág. 53.
5. Ibídem págs.. 52, 53.
6. José María de Yermo y Parres. A Solas Con Cristo. Editorial Tradición, México 1977 pág. 17,18.
7. José María de Yermo y Parres. A Solas Con Cristo. Editorial Tradición, México 1977 pág. 41.
8. Ibídem pág. 11.
9. Testimonio del Padre Miguel Arizmendi cit. en Positio Super Virtutibus vol. I,pag.166.
10. Doc. de Aparacedia No. 198.
11. JUAN PABLO II Homilía de beatificación. México 6 de mayo de 1990.
12. José María de Yermo y Parres. A Solas Con Cristo. Editorial Tradición, México 1977 págs. 21,22.

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