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“ El 13
de diciembre de 1885, en la pobre y mal acondicionada casa de
El Calvario en la ciudad de León, Gto. México,
surge una estrella, brilla una luz, se abre el surco y en él
queda depositada la semilla.
Sesenta
y un pobres, desde niños recién nacidos hasta ancianos
decrépitos y cuatro entusiastas mujeres, han iniciado
junto al Padre Yermo la carrera de amor y de servicio que traspasaría
los límites del tiempo y del espacio. Nació así la
Congregación de ‘Siervas del Sagrado Corazón
de Jesús y de los Pobres.’ No había pretendido
ser fundador, sólo quería abrir una brecha para
la promoción y evangelización del pobre.”
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“Sus
limitaciones no le permitían llegar a todos los hombres
que necesitaban ayuda espiritual y material, por mucho que él
lo deseara o se fatigara. Fue Dios quien le puso en la condición
de que su sacerdocio fuese más fecundo: le toma como instrumento
personal y consciente para que por inspiración del Espíritu
Santo funde en el seno de la Iglesia una nueva familia religiosa,
que se convirtió en presencia de su acción salvífica
en el pueblo de Dios, especialmente entre los pobres.
Al mismo tiempo será esta misma familia religiosa la que extenderá en
el tiempo y en el espacio el gesto evangélico de la caridad a imitación
de Cristo y como prolongación de la que fue del P. Yermo en una época
concreta de la historia. Él era consciente de esta realidad y exclamaba:
‘Qué felicidad
la mía, si logro no ser sólo yo, quien trabaje
y sea siervo y amigo de Cristo, luchando por extender su reino,
sino que mi apostolado se multiplique por ministerio de las Hermanas’.
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En
la primera generación de ‘Siervas’ él
infundió eficazmente su espíritu caracterizado
por el grande amor a Cristo y a los pobres, de los cuales éstas
debían ser sus ‘siervas’, dedicándose
con empeño en la evangelización y promoción
humana de los mismos a través de las obras de misericordia,
ya sean espirituales como corporales.
Preparó un pequeño ejército de mujeres y las repartió en
la república mexicana con el especial encargo de trabajar por el Reino
de Cristo entre los pobres. |
Las
exhortaba a la fidelidad y a la entrega total. Apreciaba y estimaba
el trabajo que cada una de ellas desempeñaba y les daba
consejos útiles para cumplir mejor su misión.
El Padre Yermo en su apostolado solía valerse de todos los resortes
humanos posibles para armonizarlos junto con el mensaje evangélico,
a fin de que éste pudiese dar efectos positivos en las almas.
Este mismo método lo aconsejaba aún a las Hermanas; les decía
que debían valerse de los valores humanos, aún psico-afectivos
para luego trascenderlos y llegar hasta Dios: ‘El P.
Yermo fue un sacerdote que sacó de su fina y esmerada
educación, grande partido para el bien de las almas, haciendo
muy amable y practicable su hermosa caridad para con el prójimo’
Ante
la magnitud de la empresa de formar una nueva familia religiosa, él
se siente incapaz y débil, pero al mismo tiempo confiaba
en Dios, pues estaba convencido en alto grado que la obra era suya
y que él era un simple instrumento consciente, del cual
Dios exigía disponibilidad a sus indicaciones:
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‘Tiemblo
sintiéndome incapaz de lograr mi propósito; porque
quien ha de producir calor, necesario es que primero esté inflamado.
Si
en el orden común las chispas salen del fuego, ¿cómo podré yo
inflamar a otros y acrecentar en el pecho ajeno el amor divino cuando
mi pobre corazón está helado?’
A la Congregación
infundió también su espíritu misionero, su deseo
de desarrollar obra apostólica entre paganos, de llevar a
tierras lejanas la semilla del Evangelio. |
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Esta la consideró siempre la obra más grande de la Congregación a la
cual las Hermanas debían tenerle especial cariño y disponibilidad. Sin
embargo, aunque su deseo era tan grande, y lo infunde en aquellas
primeras ‘Siervas’, pone como condición indispensable que las misiones
deben quererse para la Congregación, siempre y cuando éstas fuesen
Voluntad de Dios, de otro modo no, porque lo que se pretende es la
mayor gloria de Dios, la extensión de su Reino, y esto no puede
realizarse en contra de su Voluntad".
2
Cfr.
EL HOMBRE QUE MARCÓ UN RUMBO Clara Estela Sánchez
Olivas sscjp (México 1990) p. 20.23.24.
2 Cfr. G.L.
BERTOGLIO sscjp Profeta
y Apóstol de la caridad Evangélica Ed. Jus (México
1983) pp. 73-75
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