El párroco
de San José Atencingo, Puebla, P. Rafael Pacheco Segeda,
después de una penosa enfermedad que lo postró en
cama por cuatro meses, fue desahuciado por los médicos,
quienes le dictaminaron pancreatitis necrótica hemorrágica
con peritonitis, a lo que se añadió una úlcera
duodenal sangrante, fistulas gástricas, tuberculosis
pulmonar recidivante, fiebre recurrente y con una importante
anemia por los continuos sangrados.
Durante su enfermedad fue atendido en diversos centros de salud, el último
de ellos el hospital de especialidades San José del Instituto Mexicano
del Seguro Social. |

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Ante
este impresionante cuadro clínico, padeció dolores
agudos y violentos, y debió someterse a diversas cirugías.
Por
otra parte, su ánimo decayó de tal modo que una gravísima
depresión anuló, en buena medida, los efectos saludables de los
medicamentos y las terapias. La evolución de sus males se agravó en
extremo la noche del 11 de marzo.
El sacerdote,
sin ninguna esperanza humana de superar la gravedad de sus
males, con profunda humildad y confianza en Dios, animado
por las religiosas “Siervas
del Sagrado Corazón de Jesús y de los pobres”, suplicó la
intercesión del beato José María de Yermo. De pronto
se sintió invadido de una inexplicable felicidad y paz interior.
A las 4:00 hrs. del 12 de marzo de 1997 se sintió curado, y, en
efecto, recuperó la
salud de manera instantánea, completa, duradera y sin explicación
científica alguna, al imponerle la imagen del Beato José María
de Yermo.
Ese mismo día, para admiración de quienes conocían su
caso, los médicos y los exámenes de laboratorio a los que fue
sometido confirmaron dicha curación, encontrando al antes enfermo completamente
restablecido, motivo por el cual pudo abandonar ese hospital 48 horas después,
con el mejor diagnóstico, sin más recomendaciones que algunas
medidas de dieta e higiene. Posteriores estudios clínicos confirmaron
la curación.
Al día siguiente de su salida del hospital, el sacerdote regresó a
su parroquia, en fiestas patronales, retomando sus actividades ordinarias
sin deterioro de su estado de salud.
Sometido este hecho al Tribunal Eclesiástico de la Arquidiócesis
de Puebla y del Vaticano fue reconocida esta curación como verdadero
milagro obrado por Dios por intercesión de San José María
de Yermo. Roma
2000
Celebración
en Puebla
Mensaje
del Santo Padre en la Canonización
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