 |
a)
Obras apostólicas y primeras dificultades.- El
día establecido por el Padre Yermo para iniciar
en la Congregación el Noviciado fue perturbado por
una gravísima inundación de la Ciudad de
León. La noche del 18 al 19 de junio de 1888 la
tercera parte de la ciudad fue destruida por el imprevisto
crecimiento del río de Los Gómez. En aquella
ocasión el Padre Yermo desafiando las aguas impetuosas
mostró su heroísmo pasando toda la noche
en la obra de rescate de las personas que se encontraban
en peligro. A las hermanas del Calvario les dio orden de
recibir a todos los damnificados, de abrirles no sólo
la casa sino las pocas reservas alimenticias disponibles,
y bajando a la ciudad, inició la obra de coordinación
de las ayudas. |
Sobre la
colina del Calvario se refugiaron más de tres mil personas,
a las cuales en los momentos más urgentes de la tragedia
no les faltaron ni víveres ni los artículos de
primera necesidad.
Después de haber pasado una terrible noche, seguida de una jornada perturbada
por aquel caos, el Padre Yermo, a las once de la noche de aquel mismo día,
o sea el 19 de junio, fundó el Noviciado de la Congregación de
las “Siervas del sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”.
En los días
siguientes y por otros muchos meses trabajó intensamente
por el bien de todos aquellos pobres, afrontando la situación
de injusticia en la cual se encontraban envueltos, y defendiéndoles
valientemente del abuso de los prepotentes. Por esta obra suya
fue muy elogiado por diversas personalidades y por la opinión
pública. “El Señor Yermo recogió a
innumerables gentes, esta es la palabra, innumerables, en su
casa del Calvario y en la grandiosa que está construyendo
para Hospicio, en las salas de la escuela que levantó y
hasta en la sacristía, recorriendo las calles de la
ciudad buscando limosnas para dar de comer a aquellos infelices”.
1
Por su heroico comportamiento en aquellos días de angustia de toda la
ciudad de León, fue contado entre los hombres prominentes de México: “En
los momentos del conflicto dio ejemplo de inestimable valor arriesgando su
vida por salvar la de sus semejantes y, pasado el riesgo, trabajando sin cesar,
llevando el bálsamo del consuelo a todas las familias de los desvalidos,
patrocinando la causa de los más infelices en la Junta de Socorros y
procurando que los auxilios se distribuyeran de una manera efectiva. Con tan
laudable objeto ha fundado una colonia en el nuevo barrio del Calvario perteneciente
a la ciudad de León; y en esa colonia se alberga una multitud de artesanos
que quedaron sin pan y sin hogar, y muchos otros indigentes”.
2
El Padre Tomás Mas s.j. contemporáneo y que conocía personalmente
al Padre Yermo, recordando el heroísmo de aquellos días, inmediatamente
después de su muerte escribe: “Su eminente espíritu de
caridad, que llegó a tener sublimes manifestaciones con los inundados
de León le hicieron admirable entre católicos e impíos”.
3
 |
b)
Primer desarrollo de la Congregación.- Después
de más de dos años de la fundación
de la Congregación de “Siervas del Sagrado
Corazón de Jesús y de los Pobres” en
la ciudad de León, es invitada a dar los primeros
pasos fuera de la ciudad, extendiéndose a la ciudad
de Puebla de los Ángeles para hacerse cargo de
un asilo de ancianos ya existente llamado “Asilo
Particular de Caridad”. No fueron fáciles
aquellos primeros pasos fuera de la cuna, con titubeos
y sorpresas a veces poco agradables que indujeron al
Padre Yermo a redoblar sus esfuerzos por mejorar el servicio
de la caridad y la formación de las hermanas.
Dios bendecía la Congregación con nuevas
vocaciones, y en los años siguientes se fundaron
orfanatorios, escuelas y hospitales en diversas localidades
del centro de la República Mexicana. |
Con la extensión
geográfica de la obra aumentaban también las
dificultades de todo género, especialmente las económicas
que requerían del Padre Yermo una total confianza en
la Divina Providencia.
Las persecuciones
religiosas imperaban en la nación, especialmente en
el estado de Guanajuato al que pertenecía la ciudad
de León. En el año de 1889 el Padre Yermo decide,
de acuerdo con el Obispo Barón y Morales y con el de
Puebla, Monseñor Francisco Melitón Vargas, trasladar
la Casa Generalicia de León a Puebla, donde hasta ahora
permanece.
Para el Padre
Yermo, los pobres señalaron continuamente su camino
de donación al Señor. Después del traslado
de la Casa Generalicia permanece por algunos meses en el Calvario
de León, pero las graves acusaciones del doctor Rosendo
Gutiérrez, su principal colaborador al inicio de la
fundación del “Asilo del Sagrado Corazón” en
el Calvario, las incomprensiones del señor Obispo y
la complicada situación económica, obligaron
al Padre Yermo a dejar la Diócesis de León e
incardinarse a la de Puebla en el mismo año 1889. Después
de las titánicas fatigas de los primeros años
de la fundación, deja con profundo dolor aquel lugar
tan querido para él. Quedaron las hermanas al servicio
de los pobres en la comunidad local de la Casa Cuna.
Las dificultades financieras eran reales, pero ciertamente no por culpa de
una mala administración, sino porque las limosnas no eran suficientes
para alimentar cientos de personas que además eran asistidas en todas
sus necesidades diariamente: recién nacidos, niños y ancianos
de ambos sexos, todos igualmente miserables. Además la inundación
había empobrecido grandemente la ciudad y por consiguiente también
la institución del Calvario, haciendo siempre más difícil
el equilibrio entre los gastos y los recursos disponibles.
La Providencia divina ayudó en modo verdaderamente extraordinario al
Padre Yermo. El cual a su vez no se dio reposo hasta saldar todas las deudas
de los primeros años de la fundación de la Congregación.
En la ciudad de Puebla, para pagar aquel déficit que había dejado
en el Calvario de León, se sometió a grandes sacrificios y renuncias,
y además a un intensísimo trabajo pastoral, en el cual llegó a
predicar algunas veces hasta siete sermones en un día en diversas iglesias
de la ciudad de Puebla. Por sus dotes oratorias era invitado con frecuencia
a la predicación.
Al Obispo Barón y Morales, desde la ciudad de Puebla, el Padre Yermo
le refiere en estos términos su difícil situación: “Trabajo
desde algunos meses sin descanso, por dar fin a negocios que me tienen afligido,
más que todo por las molestias y penas que a Vuestra Señoría
Ilustrísima han causado, sin mi voluntad. Para esto de enero a la fecha
he hecho cuatro viajes a México, no quedándome allí instalado,
por no aumentar mis gastos que he reducido hasta privarme de lo necesario,
pues quiero a costa de cualquier sacrificio salir de esta situación
(...) También espero que me aconseje V.S. Ilma. si será conveniente,
para apresurar el vencimiento de las dificultades que tengo, que comisione,
por ejemplo a D. Vicente Gómez, para que venda mis libros y demás
muebles, pues a eso y a todo lo que fuere necesario, estoy dispuesto, indicándomelo
V.S. Ilma. (...) 4
Con respecto a mis deudas, sujetándome a muy grandes
economías y merced a lo que voy reuniendo con mi predicación,
en la que estoy casi matándome, he logrado pagar una buena parte y yo
confiadamente espero que el Sagrado Corazón de Jesús me ayudará a
cubrirlo todo, ya sea con mi propio trabajo, o ya con lo que me quede al concluir
la liquidación de la testamentaría del señor mi padre,
en lo que sigo trabajando y aunque con lentitud, marcha adelante; está ahora
al frente el Lic. Dn. Pedro Bejarano. Constantemente estoy haciendo pagos y
el de V.S. Ilma. lo cubriré con toda preferencia, para lo cual suplico
me haga el favor de indicarme el monto.”
5
En la ciudad de Puebla el Padre Yermo fue perturbado por un período
de tiempo del sufrimiento por la candidatura al episcopado por dos veces: en
el año 1891 para la diócesis de Tehuantepec, y en el año
1893 para la diócesis de Cuernavaca. Se sentía indigno e incapaz
de asumir semejante responsabilidad, aunque al mismo tiempo estaba disponible.
Mientras no supiera cual fuese la voluntad de Dios se preparó con oración
y con corazón abierto, y se alegró cuando Dios, valiéndose
de informaciones negativas sobre su conducta lo liberó de tal responsabilidad.
Las informaciones negativas fueron formuladas principalmente por el mismo obispo
Barón y Morales referentes a los años difíciles de las
incomprensiones y de los errores juveniles cometidos por el Padre Yermo cuando
todavía no era sacerdote. Hay que decir que junto a los informes negativos,
llegaron también a la Santa Sede los positivos que fueron reconfirmados
destruyendo toda duda al respecto: “Por las noticias que tengo de personas
muy considerables puedo asegurar que tanto el R. D. José Yermo y Parres,
como el R. D. Samuel Argüelles, gozan de óptima fama de ejemplar
conducta sacerdotal y de sólida doctrina. Especialmente el R D. José Yermo
y Parres es estimado por su celo hacia toda clase de personas, y en particular
hacia los pobres; es escuchado con placer y con fruto en sus predicaciones,
como aseguran personas competentes alabándolo por su exacta y sólida
doctrina. De aquello que se señala en la relación como cargo
contra él no he sabido nunca nada y antes de culparlo, sería
necesario saber si eso que hizo o se dice que él hizo, fue antes o después
de su ordenación”.
6
 |
c)
En la diócesis de Puebla inicia la gran obra de
la “Misericordia Cristiana”.- A
su llegada a la diócesis de Puebla fue bien acogido
y comprendido por el Obispo Mons. Vargas y por el clero.
Estos breves años de relativa paz, dedicado a
la asistencia espiritual de los ancianos del Asilo Particular
de Caridad y de las religiosas por él fundadas,
le permitieron años de fuerte trabajo en la caridad
con los pobres y en el ministerio sacerdotal. De hecho
impartía también ejercicios espirituales
al clero y a algunas comunidades religiosas femeninas.
Pudo continuar con grande sentido de responsabilidad
la formación de la Congregación de “Siervas
del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres” hasta
obtener en el año 1895 la aprobación diocesana
del Instituto. Convocó dos Asambleas Generales
y en el año de 1902 el primer Capítulo
General de la Congregación. Hizo también
todos los trámites requeridos para obtener la
aprobación pontificia, la cual se obtuvo en el
año 1907, poco después de su muerte. |
La obra que
lo hizo famoso en la ciudad de Puebla y en la república
fue la que se llamó “La Misericordia Cristiana”.
De hecho, animado de gran caridad y celo sacerdotal, en el
año de 1894 realizó un maravilloso proyecto para
la prevención y regeneración de las mujeres de
mala vida.
En el proyecto
sensibiliza, invita e implica la buena voluntad y colaboración
no sólo de las hermanas, sino también de cada
ciudadano sensible a estos valores cristianos y sociales. Fueron
numerosísimos los que correspondieron a esta llamada
y colaboraron con sus medios y con sus trabajos, estimulados
por el entusiasmo y la ferviente caridad del Padre Yermo. Esta
obra fue la primera que se estableció en la república,
por lo cual las candidatas que voluntariamente se presentaban
provenían de diversas ciudades de la nación.
La obra fue siempre floreciente, muy organizada y apreciada por personalidades
civiles y eclesiásticas y de toda clase de personas. El Padre Yermo
vivió hasta su muerte (1904) en esta casa, era el capellán. Superó numerosísimas
penas con grande fortaleza y espíritu de fe.
d) Se interesa por la formación del clero.- Tal
parece que las fuerzas espirituales del Padre Yermo no se agotaban con
el pasar de los años y con sus frecuentes enfermedades, que lo debilitaban,
antes se multiplicaban por el ardiente celo apostólico que lo impulsaba
a crear nuevas iniciativas de bien espiritual para el prójimo. De
hecho, su dinamismo apostólico no se agotó en la fundación
de la Congregación, en su formación espiritual y organizativa,
en la grandiosa obra de “La Misericordia Cristiana”, además
de su normal ministerio e intensa predicación, en el año
1896 encontró el tiempo para fundar y dirigir personalmente una
revista sacerdotal con el fin preciso de continuar la formación
del clero mediante el conocimiento y estudio de los documentos y orientaciones
del magisterio eclesiástico, manifestando de este modo su amor por
la Iglesia y por el Papa. El Visitador Apostólico de aquella época,
Mons. Nicolás Averardi elogia la revista en estos términos: “Con
mucho gusto vengo leyendo casi desde el principio “El Reproductor
Eclesiástico Mexicano” que publica usted en esa ciudad; y
veo con grandísima satisfacción los excelentes frutos que
su lectura reporta de día en día al celoso Clero de esta
República. Ventaja tan apreciable que no han podido menos de reconocer
y aplaudir los Venerables Prelados Mexicanos. Y avalora más la oportunidad
e importancia de “El Reproductor Eclesiástico Mexicano”,
la circunstancia de contribuir en gran manera a estrechar cada día
más los lazos de cariñosa y respetuosa adhesión que
unen al estimable Clero mexicano con el Vicario Augusto de Jesucristo, único
fundamento de la unidad de la Iglesia, y la de que las pequeñas
utilidades que de esa apreciable publicación se recaudan, se invierten
en ayudar y sostener la casa de “La Misericordia Cristiana” fundada
y dirigida por usted, que por tantos títulos es digna de toda nuestra
atención y de los piadosos esfuerzos de cuantos se precian de católicos
en este religioso país”.
7
Además de ser estimado como un sacerdote de grande virtud y vida interior,
de tener grande caridad con los pobres y de ser un orador elocuente, tenía
también la fama de confesor de masones, por los cuales, para administrarles
el perdón de Dios, no titubeó en poner en peligro su propia vida.
e) Sufrimientos y consuelos de los últimos años.- Dispuesto
ya al sufrimiento y a la total donación a Dios, buscando sólo
su gloria, los últimos dos años de su vida (1903-1904) fueron
particularmente dolorosos para el Padre Yermo: fue indignamente calumniado
atribuyéndole un hijo con la usurpación indebida de sus apellidos
con el fin de beneficiarse de sus bienes. El Padre Yermo prefirió sufrir
silenciosamente tal injuria para imitar en todo a Jesús perseguido
e injuriado. Sólo por la gloria de Dios sufrió tal martirio.
Después de su muerte los calumniadores se desencadenaron con voracidad,
pero nada obtuvieron porque la inocencia del Padre Yermo brilló siempre,
y hoy más que nunca junto con su heroico amor a Dios y su humildad.
De él el Padre Tomás Mas s.j. escribe inmediatamente después
de su muerte: “El Padre Yermo fue uno de los ejemplos acabados del
sacerdocio de Jesucristo, y de los apóstoles de la caridad evangélica.
8
Su excelente caballerosidad y alta cultura le conquistaron la general estimación
de cuantos le trataban, sus notables aptitudes en la oratoria sagrada cautivaron
siempre a sus auditorios, ganándose almas para el cielo; su eminente
espíritu de caridad que llegó a tener sublimes manifestaciones
con los inundados de León, le hicieron admirable entre católicos
e impíos; la heroicidad con que supo llevar a feliz término
su benéfica institución de “La Misericordia Cristiana” salvando
a la orfandad de la miseria y del crimen, y en una palabra, haciendo el
bien a la sociedad, le ha merecido en la historia el dictado de benemérito
en la acepción más pura de la frase.
Y para que nada faltase a delinear la gran figura del discípulo de Jesús,
la calumnia se esforzó constantemente por ser el fondo oscuro de donde
se destacara, ilesa, la brillante majestad de su alma”.
Otro episodio que hirió profundamente al Padre Yermo, pero que aceptó con
grande espíritu de fe y fortaleza de ánimo, viendo en ello la
voluntad de Dios y un modo para seguir e imitar a Jesús en el sufrimiento,
fue cuando el Arzobispo Mons. Ramón Ibarra y González, con cierta
desconfianza, lo sustituyó en la dirección espiritual de las
hermanas por él fundadas, nombrando otro confesor, después de
largos años de prodigarse en tal ministerio de asistencia espiritual
.
Tuvo también notables satisfacciones, por las cuales sentía grandísimo
gozo y gratitud para con Dios y para con los hombres.
 |
Después
de largos años de alejamiento espiritual y relaciones
un poco indiferentes con las hermanas que permanecían
en el Calvario de León, bajo la dirección
del doctor Rosendo Gutiérrez, finalmente en el año
1903 se restablece la primitiva unión de la Congregación.
El Padre Yermo en aquellos años difíciles
supo moverse con grande prudencia en las diversas circunstancias,
y también fue muy intensa su oración dirigida
a Dios para obtener esta gracia. Todas las dificultades
con el Obispo Barón y con el doctor Gutiérrez
se resolvieron y el Padre Yermo supo a su tiempo reconocer
sus errores y perdonó generosamente toda ofensa. |
Después
de haber establecido doce florecientes obras de caridad con
los pobres, atendidas por las hermanas por él fundadas,
en las diócesis mexicanas de León, Puebla, Guadalajara,
Yucatán. Tulancingo, Veracruz y Chihuahua, el Padre
Yermo fundó en el año de su muerte (1904) la
decimotercera obra, esta vez entre los indígenas de
la Tarahumara del Norte de México. Fue una obra de notable
importancia dirigida a la evangelización y promoción
humana de los indígenas. El Padre Yermo, no obstante
su débil salud se llegó personalmente hasta aquella
zona impenetrable donde colocó y bendijo la primera
piedra de la casa y dejó las primeras cuatro hermanas
misioneras de la Congregación. El celo misionero del
Padre Yermo y de las hermanas en aquella ocasión explotó en
modo entusiasta.
Tuvo la gracia de celebrar el vigésimo quinto aniversario de su sacerdocio
(25 agosto 1904), fue una fiesta de gozoso agradecimiento por la bondad de
Dios y de los hombres para con él. En ese acontecimiento escribió una
carta circular a las hermanas que puede definirse un himno de gratitud, en
el cual alaba a Dios por su bondad y por todos aquellos que han contribuido
a aumentar su felicidad con su presencia.
f) La santa muerte.- La brevísima enfermedad que
precedió a su muerte le llega en el momento en que estaba escribiendo
para las hermanas, una carta circular sobre el amor y consagración
a María en el quincuagésimo aniversario de la definición
dogmática de la Inmaculada Concepción.
Veinte días después de la celebración de su vigésimo
quinto aniversario sacerdotal, después de ver cumplido su deseo de oír
el canto del Ave Maris Stella, expiraba gozosamente en la ciudad de Puebla
de los Ángeles. Eran las 4.40 de la mañana del día 20
de septiembre de 1904.
Impresionados por esta muerte gozosa, los presentes, sacerdotes y religiosas,
y aquellos que acudieron luego de enterarse de su muerte, en un gesto espontáneo
se reunieron en la capilla a cantar el Te Deum en acción de gracias
por el don de su preciosa vida.
1.
Positio super virtutibus, Vol. 1,p.299
2. G.L. BERTOGLIO, La fuerza de una entrega, roma, 1989, p. 254
3. Idem, pp. 254, 255
4. Idem, p.356
5. Idem, p.357
6. Idem, p.338
7. Idem, pp.460, 461
8. Positio super virtutibus, Vol.2, p. 1570 |