Sacerdote

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“ En él están delineados con claridad los trazos del auténtico Sacerdote de Cristo, porque el sacerdocio fue el centro de su vida y la santidad sacerdotal su meta”. (Juan Pablo II) 1

 

Desde muy joven se percató que Dios lo llamaba a la vida sacerdotal y fue descubriendo poco a poco la grandeza de este llamado. Sus superiores decían de él al aprobar su ordenación sacerdotal que tenía “ un alto espíritu de oración, muy claro talento y un gran celo apostólico.” Estas cualidades le ayudaron a profundizar y crecer cada día en su vida sacerdotal.

El 24 de agosto de 1879 fue ordenado en la Catedral de León, Gto. Ahí mismo al día siguiente celebró su primera misa, cuyo recuerdo unido a su compromiso sacerdotal le acompañaron toda la vida:

“¡Mi primera misa! ¡Que dulce recuerdo trae a mi mente!" 2

Siempre fue consciente de la dignidad sacerdotal, reconocía su pequeñez y debilidad, pero sabía que el Señor le había llamado y tenía que serle fiel.

"Por una predilección divina que nunca podré agradecer bastante, estoy destinado a continuar la misión redentora de Cristo nuestro Salvador; por tanto estoy obligado a imitarlo en penas o alegrías, tanto cuanto me sea posible con su gracia y la protección de mi Madre Santísima". 3

Logra según su deseo hacer de su sacerdocio y de su vida una sola cosa:

"Debo hacer de mi sacerdocio y de mi vida una sola cosa, que el sacramento del Orden penetre en toda mi vida personal y me santifique. Necesito ser siempre fiel a Cristo el Amigo de mi vida, pero con una fidelidad indomable. Sé que soy otro Cristo y por eso llevo la bendición, la salvación y la presencia divina, aunque yo no lo sienta y sea para mí mismo un misterio tremendo que jamás podré comprender". 4

 

“El ministerio sacerdotal y las funciones que desempeño son santas; luego para llenar mi deber necesito ser santo”.5

“Yo sacerdote, estoy mucho más obligado a un amor perfecto en el servicio de Dios y de las almas, especialmente entre los pobres más desamparados. Nada valdrán sentimientos o palabras sin las obras". 6

“La cooperación de mi Madre, la Virgen Santísima, en la obra de la encarnación fue de una fidelidad sin límites y hasta el heroísmo. Mi cooperación con Cristo y como sacerdote debe ser en mi pobreza también sin límites activa y pasiva”. 7


“ El P. Yermo nunca disocia la obra redentora de Cristo con la colaboración de María en el plan de la salvación. El Redentor es Cristo, y María fue redimida por Cristo, pero con su Fiat participó en el plan de la salvación en el modo con el cual Dios se lo solicitó, es decir con su maternidad divina. Cristo y María son dos realidades inseparables, las dos profundamente ancladas en el corazón del P. Yermo.

Cuando a lo largo de su ministerio sacerdotal y por los esfuerzos y sacrificios que por la salvación de las almas ha ofrecido a Dios, ve que algo positivo ha logrado; él sabe en esto tomar su lugar de humilde siervo, ya que en realidad quien obra tales conversiones es el mismo Cristo, y el sacerdote es o debe ser un instrumento fiel de Cristo y dispensador de sus misericordias:

"Lo que algunos llaman mis conquistas, son todas tuyas Señor. Solo tú tienes el poder de llegar hasta el corazón de los hombres. Por tanto, mucha más oración, que sé que mientras más vivo en ti, más confiadamente llegan mis hermanos a mí con todas sus miserias hasta encontrarte misericordioso".

"Ese deseo ardiente de salvar almas hace que se entregue totalmente al Señor y a su ministerio sacerdotal. Está convencido que el sacerdote debe abnegarse y sacrificarse por amor, en nombre de la auténtica amistad con Cristo sacerdote”. 8

“La oración y el sacrificio han sido los medios que el Señor ha proporcionado al P. Yermo para lograr un total desprendimiento de sí mismo. Aún las penas que en la vida tiene que sufrir son gracias que el Señor le proporciona para lograr su santificación sacerdotal.

Su amor a Dios y el celo por la salvación de las almas le hacía multiplicar las formas de apostolado entre sus contemporáneos. Le vemos en las celebraciones eucarísticas, en la administración de los sacramentos, en la catequesis, dando clases en el seminario, impartiendo ejercicios espirituales a sacerdotes y religiosas, predicando en diferentes Iglesias, visitando enfermos y hogares, recogiendo mujeres de mala vida para su regeneración, invitando a pecadores empedernidos a la conversión. Su corazón de sacerdote no le permitía quedar indiferente ante los pecadores, se valía de muchos medios con tal de acercar a los hombres a Cristo, cuando éstos andaban por caminos torcidos”. 9

 

Dios quiso multiplicar la acción sacerdotal del Padre Yermo tomándolo como instrumento para que naciera en la iglesia una nueva familia religiosa, a través de la cual se hiciera presente a los hombres sobre todo a los más pobres, el amor y la misericordia de Dios.


“ En él están delineados con claridad los trazos del auténtico sacerdote de Cristo, porque el sacerdocio fue el centro de su vida y la santidad sacerdotal su meta”.
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1 JUAN PABLO II Homilía de beatificación. México 6 de mayo de 1990.
2 YERMO Y PARRES  J.M.,Cartas Circulares  n 132 p 177
3  YERMO Y PARRES J.M. A Solas con Cristo Ed. Jus (México 1990) , p 69-
4 Idem p. 69-70
5 Idem p 71
6 Idem p 33
8 G.L. BERTOGLIO sscjp Profeta y Apóstol de la caridad Evangélica Ed. Jus (México 1983) pp. 68 -69
9 Idem p 71
10 JUAN PABLO II Homilía de beatificación. México 6 de mayo de 1990.