Tarahumara

Centenario de la Obra del Padre Yermo en Chihuahua

La gente y el paisaje de Chihuahua

Un insigne Chihuahuense escribió: Chihuahua es un paisaje desalmado y solo. Es una tierra sin agua, que hacia donde fina con Sonora y Sinaloa, se adueña de bosques y montañas en cabal equilibrio con el desierto...

Tierra exangüe que impone su carácter lo mismo al risco que al cauce de arroyos siempre secos; sin aguajes ni sombras, inclementes como los hielos y el sol.

Como los líquidos, los organismos y las almas se ajustan a su continente, proclaman sus virtudes y sus miserias…

Al lado de los pueblos se levantan también ciudades, hoy florecientes, en las que vale la vida no por lo que tiene de dádiva sino de conquista; ciudades sedientas y duras, cuñas de vida humana en la naturaleza bronca…

Un 12 de Octubre, en la confluencia de dos riachuelos, alguien dio el grito de… agua!.

Y se fundó Chihuahua…

 

El hombre de estos paramos es un navegante en la llanura, y como cala oírle mentar su vocación marinera en la tierra sin agua!: - Cómo está usted Don Pancho?- pos yo aquí, navegando…

En Chihuahua el mestizaje de razas fue limitadísimo. Criollos y españoles fueron los primeros colonizadores (no conquistadores) y criollos sus descendientes, fuertes como sus padres, frugales, rudos, independientes, buscadores de minas y criadores de rebaños en el siglo XVIII, cazadores de cabelleras indias en el siglo XIX. De ellos heredaron los hombres de llano y de la sierra sobre todo, profundo sentido de la dignidad personal y el amor ilimitado a la libertad.

 

El hombre de Chihuahua nació abierto y liberal..

 

Pocos – o nadie- se habrán preguntado porqué en Chihuahua no hubo Guerra de Independencia. El aislamiento geográfico por un lado, al acendrado individualismo libertario por el otro, fueron factores de fuerza para que en estos lares funcionaran desde el primer momento gobiernos virtualmente autónomos y democráticos…

Hoy todo se encuentra muy cerca; en 1810 todo estaba muy lejos. El conflicto moral del Padre Hidalgo no cabía. Mis antepasados empezaron a abrir los ojos el día de su fusilamiento, y terminaron de abrirlos cuando la Ciudad de México recibió jubilosa al Ejercito de las Tres Garantías. Pasamos del Coloniato a la Independencia casi sin darnos cuenta de ello.

 

Pocos – o nadie- se habrán preguntado porque el chihuahua tampoco hubo Guerra de Reforma.

Esta guerra resultó incomprensible para los Chihuahuenses por la razón muy simple de ser todos liberales, hasta los curas.

Por último obsérvese que Chihuahua fue uno de los foros principales, si no el más importante de la Revolución de 1910. Como en Coahuila, como en Sonora, en Chihuahua la Revolución no la hicieron peones sin tierras o caudillos hambrientos sino burgueses de clase media; Pascual Orozco, acomodado transportista de metales en la región serrana y Abraham González, tenedor de libros con estudios profesionales en alguna escuela norteamericana.

Entre la iniciativa de las sociedades abiertas y la inercia de las sociedades cerradas o igualitarias, el chihuahuense se inclinará siempre por la primera…

Asunto inagotable este del ser, hacer y quehacer del chihuahuense. Caminamos de prisa, desde sus orígenes vizcaínos fue una sociedad abierta, de iniciativas personales, sin afeites barrocos, nunca fue tierra fácil; el paraíso terrenal no estuvo por aquí, pero si así y todo el chihuahuense pudo desenvolverse, levantar ciudades, conseguir niveles de vida en otras partes insospechadas, es porque el hombre es un ser lleno de posibilidades en el trabajo y la libertad. Entender la vida como desafío es propio de mi gente. No desquite o bravuconería, sino desafío cargado de esperanza. 1

 

Cien años de una congregación misionera (2)

 

Cuando el Padre Yermo se enteró que los Jesuitas retomaron las misiones de la Tarahumara, nació en él un intenso deseo de que sus hijas “Las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres” fueran a esa misión. Lo vio primero como un sueño y un ideal muy grande y pensó en oración:

 

“Si este ardiente deseo de misión entre infieles me lo inspiraras tú, fecúndalo y señálame el camino”.

 

“En todo debo moverme y dejarme llevar de tu santo espíritu y no de mi deseo. Pero no sé qué confianza siento, espero y sé que se realizará la misión de la Tara humara, aunque por ahora no tengo en qué fundarme humanamente, es más Señor, creo que después tú llevarás a la sociedad por todo el mundo. Yo trabajaré más para que las hermanas sean santas, estaré más atento a lo que tú me digas en la oración, y atento a no salir nunca de tu Divino Corazón, mortificarme cuanto más pueda con sencillez…"

 

Cuando el provincial de los Jesuitas escribió al Padre Yermo para decirle que todo estaba listo para que sus hijas fueran a la Tara humara, se llenó de alegría y escribió una larga carta a las Hermanas, entre otras cosas les decía:

 

"…Pero ¿qué es la misión de la Tara humara? ¡Es una de las más grandes empresas a que podíais aspirar; porque se trata de que vayáis a secundar los trabajaos que los venerables misioneros Jesuitas están llevando a cabo entre los pueblos más abandonados de nuestro propio país… que desde la supresión de la Sagrada Compañía de Jesús, llevada a cabo a fines del siglo XVIII, habían estado abandonados, hasta que ahora esos buenos Padres, como los llaman los Tara humaras, han vuelto a tomarlos bajo su amparo… decidme os ruego: ¿puede haber para vosotras más glorioso?.

...  esa empresa por lo mismo que es tan elevada y noble, presenta en su ejecución graves dificultades. En cuanto a las Hermanas a quienes toque la dicha de acometerla, es indispensable que sean de aquellas matronas esforzadas que impulsadas por el amor divino, tengan un celo inmenso por la gloria de Dios como el de San Francisco Javier; un valor que no se arredre ante las dificultades y peligros, un espíritu de mortificación que las haga desear la cruz y mortificación de Cristo,  y para decirlo en una palabra, se necesita que sean santas.... porque quien ha de inflamar a otros necesita tener el alma hecha un volcán  de amor divino”.

 

Aunque todas las Hermanas querían ir a la Tarahumara, las elegidas fueron la Madre María de los Ángeles Escajadillo, como Superiora y las Hermanas María del Socorro Rangel, María de la Paz Dávila y la Hermanita María Cleofas Rodríguez.

...

Apenas supo que los caminos eran viables, apresuró la salida. Era el 25 de enero de 1904...

Llegaron el viernes 29. Después de descansar un poco ese día y verse con el Ilmo. Sr. Obispo de Chihuahua, al día siguiente acompañados del Padre Alberto Cuzcó Mir, la Madre Concepción y la Hermana María Inés Escalante  salieron rumbo a Carichí.

El Padre Louvet había dado minuciosas instrucciones para ese viaje. Abordaron el Ferrocarril Central que los llevó de Chihuahua a la Estación de San Antonio.

 

 Acomodados lo mejor posible en la carreta tirada por caballos, viajaron con el corazón lleno de gozo y de esperanza. Aquel viaje no tenía nada de cómodo, el camino era apenas una brecha y el acomodo, desacomodo y reacomodo de los viajeros en sus asientos era continuo. En pleno enero, el frío de la sierra es cruel, pero ellos no se quejaban, al contrario todo les parecía hermoso y gozaban cada incomodidad. A la mitad del camino, la carreta se descompuso; todos bajaron y ayudaron al cochero a componerla. No faltó en el camino algún coyote y varias liebres, que les distrajeron un poco del intenso frío. Las Hermanas cantaban gozosas a la Reina del cielo. El Padre Yermo intensamente emocionado pensó al oirlas cantar: “El ambicioso que fuera a saciar su deseo de riquezas o en busca de un gran tesoro, no marcharía tan contento como estas benditas Hermanas”. A mediodía del 31 de enero llegaron a Carichí, donde el Padre Louvet los esperaba lleno de contento. El Padre Louvet, conocía al Padre Yermo y la Congregación de Siervas, pues había vivido en Puebla de 1891 a 1894 que fue cuando se estableció la casa de “La Misericordia Cristiana” y había escrito varias veces al Padre Yermo para tomar acuerdos sobre la llegada de las Hermanas a Carichí. Enseguida los llevó a la sencilla casita que con mil sacrificios había acondicionado para las Hermanas.

 

El Padre Yermo narra así ese viaje meses más tarde:

 

“No puedo pintar el gozo con que las Hermanas marchaban a su penosa misión, y cuanto en el particular tratara de decir, sería poco quedando mi pintura sin vida a causa de la palidez de  los colores que empleara. El ambicioso que fuera a saciar su deseo  de riquezas con la adquisición del más codiciado tesoro, no marcharía tan contento como aquellas benditas Hermanas marchaban a la inculta Tarahumara. No hay que extrañarlo porque anhelando manifestar a Dios su amor, ayudándolo en la conquista de las almas, querían y deseaban servirlo no obstante los sacrificios que ahí las esperaban. ¡Nunca olvidaré el gozo santo con que cantaban en el camino solitario de la capilla de San Antonio a Carichic, alabando a la Reina de los cielos y tierra!

... En su deseo de aligerar las penas de las Hermanas, (el Padre Louvet) no perdonó medio alguno, y una cariñosa madre no habría hecho más de lo que él hizo... jamás podremos agradecer como conviene a los hijos de San Ignacio, lo que les debemos... Los cuidados tan tiernos y delicados para disminuir los trabajos y penas de las Hermanas... no se pueden apreciar cuando no se tuvo la oportunidad de presenciarlos”

 

 Antes de retirarse, el Padre Yermo, escribió en el libro que comenzaba a registrar la historia de esta misión:

Palabras del Padre Yermo

en su visita a la Tara humara:

“…Juzgo que para lograr el fruto apetecido en la gente tara humara lo primero que se necesita es ganarlos por la caridad; por lo tanto suplico encarecidamente a todas las Hermanas y Hermanitas presentemente empleadas en esta misión y a las que en lo futuro vengan que la traten como a los niños mimados y con entrañas de madres amorosas.
Lo segundo que también mucho encargo es, que se dediquen con mayor empeño a aprender el idioma, seguras de que cuantos esfuerzos hicieren en este particular son escalones para ganarse el cielo y asegurar las bendiciones para toda la sociedad.

A Dios Nuestro Señor pido por intercesión de la Santísima Virgen, de Señor San José y de San Francisco Javier, que llene del verdadero espíritu de la sociedad a todas las Hermanas que vengan a esta misión a fin de que logren copioso fruto y sean la gloria y el honor del Instituto”…


Y aunque hubiera querido quedarse, el Padre Yermo tuvo que regresar, pues el resto  de su obra lo esperaba.
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Chihuahua - "Amiga de la Obrera"

Grande alegría fue para el Padre Yermo el día que recibió carta del Obispo de Chihuahua, el señor Nicolás Pérez Gavilán, solicitando la fundación de la Casa "Amiga de la Obrera", para atender en ella, a las trabajadoras de las fábricas. El Padre Yermo que estaba a punto de fundar la primera casa en las misiones de la Tarahumara vio en esta solicitud el amor y protección de Dios para sus hijas, pues con una casa en la ciudad, se facilitaba el paso y los asuntos de la Sierra Tarahumara.

La fundación de la Casa “Amiga de la Obrera” en Chihuahua (hoy una grande escuela) se realizó el 24 de diciembre de 1903 y la Fundación de la primera Casa Misión en la Sierra Tara humara el 31 de enero de 1904.

El mismo año en que murió el Padre Yermo.

 


1. Tomado de www.chihuahua.gob.mx

2. Sánchez Olivas Clara Estela. Cuando la Luz ilumina y la Sal no pierde el sabor (extractos)..