Vida y Obra


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a) Datos biográficos. Infancia.- El Beato José María de Yermo y Parres, sacerdote, nació el 10 de noviembre de 1851 en la hacienda señorial de Jalmolonga, pequeña localidad del Estado de México. Era hijo único de Manuel de Yermo y Soviñas. abogado, y de María Josefa Parres y Martínez. Los esposos eran profundamente cristianos, de origen noble y de condición acomodada. Fue bautizado el mismo día de su nacimiento.
Muy pronto el recién nacido sufrió la pérdida de su mamá, la cual murió cincuenta días después de su nacimiento. La tía Carmen se prodigó con verdadero afecto materno educándolo para la vida con exquisita delicadeza.
Aprendió de la tía Carmen y de su padre, mediante la enseñanza y el testimonio a dirigir su oración a Dios. Desde la primera infancia, la tía Carmen supo infundir “en el corazón tierno de su sobrino los sentimientos de piedad cristiana”
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Vivió felizmente su infancia y adolescencia en la ciudad de México, rodeado del afecto de su padre y de su tía, que se preocuparon de su educación escolar, en un primer momento con maestros particulares en la propia casa, y en un segundo tiempo en la escuela elemental privada dirigida por un ex-coronel. Concluyó su primer ciclo de estudios de modo satisfactorio, siendo premiado personalmente por el Emperador Maximiliano.
Bajo la guía de otros maestros particulares continuó en su propia casa el estudio del latín.

 

b) Vocación y formación religiosa y sacerdotal.- En el año 1867, a los dieciséis años y aún adolescente, se siente llamado a la vida religiosa, hace su ingreso en la Congregación de la Misión y en mayo de 1869 emite sus votos.
Los años de su formación religiosa y de los estudios filosófico-teológicos, se caracterizaron por la persecución religiosa desencadenada por el gobierno de Benito Juárez contra la Iglesia. Los superiores hacían lo posible por continuar y proveer a la formación de los candidatos, y por motivos de supervivencia en la nación se vieron obligados a buscar refugio en diversas ciudades. El joven Yermo vivió en las ciudades de México, Puebla, Jalapa, Guanajuato y Toluca donde emitió sus votos en el año 1869.

Después de la profesión religiosa fue enviado a continuar sus estudios teológicos en París. Poco después de un año al regresar a la patria desarrolla un apostolado ferviente y entusiasta en diversas misiones de la Arquidiócesis. Su poca salud no le permitió que estas fatigas duraran por mucho tiempo, por lo tanto, por el deseo de su propio padre y con el consentimiento de sus superiores regresó a su familia por un breve período de tiempo.

Entre tanto, permanece ligado a los superiores de la Congregación de la Misión, y en la Arquidiócesis de México desempeña el cargo de familiar del Arzobispo Pelagio Antonio Labastida y Dávalos.
Sufrió crisis vocacionales, por lo que pide y obtiene en el año 1874 la dispensa de los votos. Poco después reingresó en la Congregación y en marzo de 1877 deja definitivamente la familia religiosa. Está convencido de no tener tal vocación. En la escuela de San Vicente aprendió a amar y servir a los pobres. La experiencia de la vida religiosa dejó en su corazón una huella profunda que supo aprovechar años después en su vocación de fundador.
Dejada la familia religiosa, a la edad de 25 años, hace su ingreso en el seminario diocesano de León, acogido por su lejano pariente el obispo José de Jesús Diez de Sollano y Dávalos. Terminó allí sus estudios teológicos recibiendo las órdenes sagradas del subdiaconado, diaconado y presbiterado en el año de 1879 en la catedral de León (México) Aún antes de recibir las órdenes sagradas, en el mismo año, gracias a sus excelentes cualidades, fue propuesto al Obispo, por el Capítulo de los Canónigos, para que le fuese asignado el nombramiento de sexto capellán de coro y segundo maestro de ceremonias. Tales cargos los desempeñó regularmente hasta su traslado a la diócesis de Puebla en el año 1889.



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Ministerio sacerdotal y apostólico.- El fervor y entusiasmo con que inició el ministerio sacerdotal fue notado tanto por sus superiores como por los fieles, que admiraban sus particulares dotes de gran orador y director de almas. La hermana Refugio Ladrón de Guevara, testigo ocular, recuerda haber conocido al Padre Yermo antes de la fundación de la Congregación, y describe así su celo apostólico: “Desplegó desde luego sublime elocuencia a la vez que una unción sobrenatural que conmovía los corazones; cuando se sabía que tenía señalados los sermones de cuaresma, acudía a ellos tal cantidad de personas que llenaban el templo de Nuestra Señora de los Ángeles, que era donde los predicaba; y como ese templo no tiene atrio, se extendía la concurrencia en la calle hasta la acera de enfrente; a la hora del sermón no se podía transitar por esa calle, estaba obstruido el paso por los oyentes que, desde allí escuchaban y entendían a Nuestro Padre, pues Dios Nuestro Señor le dio una voz que al mismo tiempo era suave, sonora y clara, por cuya razón se le oía indistintamente a gran distancia. La que esto escribe da testimonio de esta verdad".
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Su amigo sacerdote Miguel Arizmendi lo recuerda: “Por demás está decir el celo con que se consagró al ejercicio de su santo ministerio. Personas de todo sexo y condición acudían a él para oír sus consejos y consultarle en los casos difíciles, atraídos por su vasta ilustración, su grande prudencia y su nunca desmentida virtud".
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Su ministerio sacerdotal lo desarrolla también entre los jóvenes, organizando principalmente la catequesis y promoviendo el culto al Corazón de Cristo y el culto mariano en la diócesis.
Entre los diversos nombramientos que le dieron encontramos el de prosecretario y después secretario de la curia, socio-fundador y secretario de la Academia filosófico-teológica de Santo Tomás de Aquino iniciada en el año de 1880 bajo el impulso del insigne Obispo de León, Diez de Sollano y Dávalos.

d) Fundador de la Congregación de las “Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”.- La ya poca salud del Padre Yermo, en el año 1884 fue amenazada por una grave enfermedad pulmonar que preocupó a los superiores y a él mismo, por lo cual creyó oportuno renunciar al cargo de prosecretario de la Curia por no estar en grado de cumplir este deber. Durante su larga convalecencia decidió ayudar a un pobre sacerdote anciano en el ejercicio de su ministerio en la iglesita del Calvario, situada sobre la cima de una colina a poca distancia de la ciudad. Al lado de este ejemplar sacerdote llamado Don Prudencio Castro, el Padre Yermo tuvo contacto con los pobres y marginados de la ciudad, necesitados de bienes materiales y sobre todo espirituales.
Después de la muerte de este virtuoso sacerdote, el nuevo Obispo Tomás Barón y Morales, con fecha 11 de abril de 1885 lo nombró su sucesor en los templos del Calvario y el Santo Niño.
Aceptó este humilde nombramiento de capellán de dos pobrísimos templos rurales con sufrimiento y con grande fe, dedicándose sin pérdida de tiempo a promover el culto entre los fieles y el ejercicio del propio ministerio con diversas iniciativas, tomando sobre sí el desempeño de los trabajos más humildes.
Dios estaba preparando al Padre Yermo para encontrarse con la realidad del sufrimiento de los pobres y lanzarlo por el camino de su vocación de padre de los pobres. Providencialmente Dios abría delante de él un nuevo camino. De hecho, un día de agosto del año 1885, subiendo hacia la iglesia del Calvario, situada en la cima de una colina, al margen del río que cada día debía atravesar para llegar allí, queda repentinamente desconcertado por una trágica escena: unos cerdos estaban devorando a dos niños recién nacidos que probablemente una madre desventurada había abandonado en la rivera del río.

Este cuadro de horror y miseria humana lo conmovió en lo profundo del alma, a tal grado de no poder reposar durante varias noches. La representación de aquella escena grabada en su memoria, suscitó en él el deseo de hacer algo por los niños abandonados y por los pobres. Pensó entonces en la fundación de una casa de beneficencia para salir al encuentro de sus múltiples necesidades.
Con el beneplácito del Obispo Barón y Morales, el 13 de diciembre de 1885 sobre la colina del Calvario de la Ciudad de León se fundó, no sólo la casa de beneficencia denominada Asilo del Sagrado Corazón, sino inconscientemente se pusieron las bases de la nueva familia religiosa de las “Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres”. En efecto aquellas primeras cuatro jóvenes que se adhirieron al proyecto de caridad del Padre Yermo, fueron después las primeras hermanas de la susodicha Congregación.
Cuando el Padre Yermo pensaba resolver una necesidad de los pobres de la localidad, en realidad Dios se servía de su disponibilidad y amor a los pobres para iniciar en la Iglesia un nuevo camino de santidad.
Poco a poco el Padre Yermo fue descubriendo su vocación de Fundador y buscó en todo la manera de ser fiel a la inspiración, aconsejándose con personas sabias y siendo asiduo en la oración para discernir la voluntad de Dios.
No se hicieron esperar las dificultades, los obstáculos y las incomprensiones que provenían aún de los amigos. Estas fueron muchísimas, y junto a su poca salud fueron el inicio de la larga ascensión de su espíritu de amor hacia Dios y hacia los hermanos necesitados. Supo afrontar todas las cosas con grande fortaleza de ánimo y espíritu de fe. Su donación al Señor en la realización de sus proyectos se completaba día a día y requería del Padre Yermo una notable disponibilidad y desprendimiento de otras iniciativas que no fueran aquellas que Dios le proponía.

Los primeros esfuerzos dieron pronto sus frutos. Tres años después de haber sido nombrado capellán del Calvario (1888) había logrado transformar aquella pequeña iglesita en un centro de adoración eucarística y de caridad cristiana vivida. En el Calvario se estableció el centro de adoración y era muy floreciente, con grande beneficio espiritual de todos los fieles que provenían aún de otras parroquias.
“Puso en movimiento a todos los devotos del Sacratísimo Corazón (al grado que) multitud de personas acudieron a inscribirse (en la 'Guardia de Honor'), y una vez establecida, era cosa de alabar a Dios la rapidez con que se propagó; llegó a popularizarse al grado que, los viernes primeros de cada mes (...) se llenaba la iglesia (del Calvario) y el frente de la entrada como en otro tiempo sucedía en el templo de Nuestra Señora de los Ángeles de la ciudad."
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El Padre Yermo no descuidó medio alguno para impartir a sus hijas espirituales sólida doctrina, amor a la Iglesia, amor a los pobres, y formación espiritual y religiosa. Desde el principio prescribió útiles normas para regular lo relacionado con la obra, con la comunidad y con Dios. Este reglamento, revisado y estudiado después a la luz del Magisterio de la Iglesia, modificado y desarrollado, se integró en las Constituciones de la Congregación que fueron aprobadas por la autoridad eclesiástica competente de Roma en el año 1910.

 


1. Positio super virtutibus Vol.I, p.74
2. Positio super virtutibus Vol. I, p.165
3. G.L. BERTOGLIO La fuerza de una entrega, Roma, 1989, p. 177
4. G.L. BERTOGLIO La fuerza de una entrega, Roma, 1989, p. 230