Virtudes
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Es
necesario partir de la estructura psicológica del Padre
Yermo para configurar en su conjunto el ejercicio heroico de
las virtudes cristianas y sacerdotales.
Estaba dotado de un temperamento ardiente y sanguíneo acompañado
de manifestaciones emotivas bastante evidentes. No obstante
estas características, en los testimonios es recordado como
quien manifiesta “dulce calma y aún de tierna compasión”.
[1]
Era puntual, ordenado, recto, tenaz. Son estos los rasgos que
emergen de su personalidad, manifestando también sinceridad,
sencillez y franqueza.
[2] |
Tenía
una esmerada educación familiar que lo distinguió siempre
durante su vida. fue exquisito en las relaciones humanas, afable
y disponible
con todos, sin distinción de personas.
[3]
La formación cristiana recibida desde su más tierna edad, sea por
el testimonio de la familia como por oportunas enseñanzas dio frutos de
virtud, así en la infancia como en la juventud y sobre todo en la
madurez y vivencia sacerdotal.
En el ámbito de las virtudes teologales vivió la fe en la constante
oración y fidelidad a la voluntad de Dios, confiándose a El en
todas sus empresas, ya sea de su vida como de las obras que por amor a Dios emprendía
en favor de los pobres y necesitados.
La fe y la esperanza heroica las demostraba especialmente en los momentos
en los cuales en su empresa de amor hacia los pobres quedaba abandonado aún
de sus amigos. Contra toda esperanza o consejo humano creía en su vocación
y misión que Dios le había confiado, desafiando la soledad,
los sufrimientos y alguna vez el escarnio de amigos y colaboradores.
Su incesante empeño en el ministerio sacerdotal, especialmente en la predicación,
manifiesta una fe intacta en la palabra de Dios y en las enseñanzas de
la Iglesia, a la que siempre amó con fidelidad y ternura, no obstante
las duras incomprensiones provenientes de los propios Obispos en diversas
ocasiones.
Entre las virtudes teologales destaca en primer plano la caridad
hacia Dios y hacia el prójimo, especialmente hacia los pobres. El
amor a Dios lo manifestaba en la búsqueda constante y en la
“disponibilidad absoluta a la voluntad de Dios”
[4]
Era atento a la voz interior del Espíritu “para realizar su
voluntad, sin negarle nada, sin exigirle, dejándolo actuar”.
[5]
Sobre el ejercicio de su caridad se dice: “El hombre y sacerdote
José María tuvo como centro de su vida la caridad, al grado de no
exagerar al llamarlo, en toda la extensión de la palabra, hombre de
amor.”
[6]
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El primer teólogo censor de los escritos hace esta síntesis
sobre la virtudes teologales del Padre Yermo: “he encontrado un
hombre, un sacerdote, de fe vivísima y edificante, de luminosa
esperanza y caridad, adornado de luminosas, variadas y vivísimas
virtudes profundas y radicales... Un sacerdote modelo de
sacerdotes, incondicional y totalmente dedicado a la causa del
Evangelio. Un corazón que ha cordialmente amado a Cristo, a la
Iglesia y a sus Pastores sin cuyo consentimiento nunca ha sabido
dar un paso... Un hombre de intensa vida de oración no obstante
el intenso y casi increíble ritmo de su múltiple actividad.
Fundador atentísimo a la obra que el Señor puso en sus manos,
para que fuera sólo de Dios, toda conforme a la voluntad de
Dios”
[7] |
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Sobre el ejercicio de las virtudes cardinales al proceder a
la realización
de las obras que Dios le confiaba, mostraba prudencia, discernimiento de su voluntad
a través de la oración y el consejo de personas respetables. Después
del discernimiento, era firme y decidido en la realización de los proyectos,
aunque miles de obstáculos le estorbaran el camino, seguro como estaba
de realizar la voluntad de Dios.
[8]
Fue un hombre justo, principalmente atribuyendo a Dios, y sólo a El, las
obras emprendidas, considerándose como simple instrumento en sus manos: “Lo
repito otra vez, entonces yo no podía suponer ni imaginar cuáles
eran los designios de Dios Nuestro Señor (...) Tanto ellas (las Hermanas)
como yo, éramos lo menos indicado para iniciar una Congregación,
por esa causa, Hoy que ya pasaron diez y siete años y que veo lo que Dios
ha hecho, no puedo menos y a la verdad con todo gusto, que confesar sin reparo
alguno que la obra es enteramente suya (...) La Sociedad de las “Siervas
del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres” no fue obra
de largas meditaciones por mi parte, sino tan sólo de circunstancias particulares
que Dios rodeó para obligarme a emprenderla. De lo que se infiere que
es obra suya en la que yo no he tenido más parte, que la de haberme dejado
guiar por sus indicaciones”
[9]
Hombre de gran rectitud al proceder en las diversas circunstancias, aún
cuando se encontraba en graves dificultades. El supo siempre renunciar a las
posibles soluciones ofrecidas por personas bien intencionadas al hacer la caridad,
pero por desgracia sin escrúpulos respecto a los medios propuestos. [10]
Con la misma fuerza, educación y rectitud defendía los derechos,
y declaraba las injusticias, especialmente contra los pobres.
[11]
Su fortaleza de ánimo se palpa a través de las múltiples
dificultades que tuvo que soportar para cumplir la voluntad de Dios, ya sea en
la vivencia propia de su vocación de sacerdote y fundador, ya sea también
en las diversas obras que por amor a Dios y a los pobres emprendía con
valor y confianza total en el Señor.
[12] Unido a su Señor, a quien
amaba tiernamente, y convencido de hacer su voluntad, desafió la soledad,
y el abandono de aquellos que le habían manifestado amistad y comprensión,
con tal de no dejar de cumplir nada de cuanto Dios le había confiado.
[13]
La templanza la ha vivido en su infatigable donación al ministerio sacerdotal,
prodigándose en cuidados hacia las necesidades de todos, especialmente
de los pobres. Fue paciente en sus varias enfermedades e incidentes que le
ocurrieron durante su vida.
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No
obstante su carácter vivaz e impulsivo supo dominar
sus reacciones en las diversas y trabajosas circunstancias
de su vida, hasta aparecer un hombre humilde, dulce, acogedor
y disponible al servicio. Así escribe un año
después de su muerte un amigo sacerdote: “¿A
quién
no satisfizo su trato finísimo, su afabilidad, su cortesía, que
revelaban desde luego no sólo su noble cuna y esmerada educación,
sino el hábito del vencimiento y de la caridad cristiana? ¿Cuántos
de los que a menudo le consultábamos dudas en el ejercicio del santo
ministerio, no quedamos satisfechos, admirando |
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| no
sólo la solidez de su talento, la suficiencia de sus estudios
y erudición sagrada y profana, sino también su incesante
laboriosidad y grande experiencia? ¿Cómo no admirar
al orador sagrado, al director de conciencias, al superior prudente,
al operario
evangélico?”
[14]
El
Beato José María de Yermo y Parres vivió las
virtudes
inherentes a su vocación sacerdotal: obediencia al Espíritu, a
través de la constante búsqueda de la voluntad de Dios, en las
inspiraciones interiores y la fidelidad a la gracia; obediencia a la Iglesia,
siendo obsequiosísimo a la autoridad eclesiástica aún en circunstancias
difíciles
[15]
y promoviendo las enseñanzas del magisterio de la Iglesia entre los
sacerdotes, con la fundación de la primera revista sacerdotal
mexicana, mensual, denominada “El Reproductor Eclesiástico Mexicano”,
mediante la cual llegaba al clero de México y de algunos países de
América Central y del Sur. [16]
Su obediencia a la voluntad de Dios llegó a la cumbre del sacrificio cuando
silenciosamente vivió momentos de obediencia hasta la muerte de su orgullo
en algunas ocasiones de su fatigosa vida: cuando fue nombrado capellán
del Calvario, trastornando hasta el desconcierto los primeros años de
su sacerdocio (1885)
[17] Esta obediencia lo llevó al descubrimiento de
su vocación de padre de los pobres y de fundador.
Permaneció en actitud de humilde obediencia durante toda su vida, en todas
las circunstancias difíciles. En el año 1904 el Arzobispo de Puebla
decide retirarlo del cargo de director espiritual de sus hijas religiosas, para
las cuales había fundado la Congregación, asistiéndolas
siempre con fervor y puntualidad durante 18 años. Su obediencia fue silenciosa
acompañada de doloroso desprendimiento. [18]
Cuando el Señor le dirige la última llamada, en el momento de su
muerte, el Padre Yermo responde con su obediencia gozosa (20 septiembre 1904).
El Padre Gonzalo Carrasco, s.j., presente en el momento de su muerte, profundamente
admirado, escribe: “¡Oh grande hombre! si admirable fuiste en tu
vida llena de sacrificios y trabajos, más admirable fuiste en tu muerte
llena de obediencia y alegría”.
[19]
La caridad hacia Dios y hacia el prójimo es la característica más
sobresaliente sobre las otras virtudes. Llegó a escribir: “Caridad,
caridad siempre y con todos, especialmente con los que me buscan algún
mal, cueste lo que costare, aunque fuese la misma vida”.
[20]
Respecto a
la caridad hacia los pobres procuraba su bien material, pero
especialmente buscaba su conversión y el progreso en la vida espiritual. De hecho se
preocupaba con gran solicitud de sus almas, signo y prueba de la verdadera caridad.
Tenemos un ejemplo luminoso en la fundación de la casa llamada “La
Misericordia Cristiana”, orientada a la preservación y regeneración
de las mujeres de mala vida.
[21]
En el ejercicio de la caridad con el prójimo, especialmente con los pobres,
el segundo teólogo censor de los escritos, afirma que éste es el
credo de su vida. De hecho el Padre Yermo al respecto escribe: “Quiero
imitar a Cristo mi buen Jesús, que vino a enseñarnos con su palabra
y con su ejemplo, el amor de preferencia para con los pobres y desgraciados que
el mundo desprecia... Te prometo, Señor, trabajar con más ardor
y sólo por Ti; extender tu reino en las almas de mis hermanos, contando
con el auxilio de tu gracia y la indefectible protección de mi dulce Madre...
Estoy resuelto a seguir a Cristo por donde El quiera...”
[22]
En la Relación y voto del Congressus Peculiaris, en el juicio del tercer
teólogo se lee: “...nos encontramos frente a un Siervo de Dios que
ha sabido corresponder con generosidad a las invitaciones de la gracia, aún
en medio de dificultades personales y ambientales, hasta llegar a personificar
un verdadero “gigante de la caridad”, como fue llamado en ocasión
de la desastrosa inundación de León. Más él lo fue
por todo el resto de su vida, tanto que se le puede merecidamente considerar
como una de las figuras más representativas de la Iglesia mexicana a fines
del sigo XIX”.
[23]
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Vivió en
sencillez y en humildad. Pero sin duda su humildad alcanza un
heroísmo excepcional afrontando con serenidad la humillación más
grave que la muerte, cuando llamado por el Obispo por la presunta paternidad
de un hijo, prefirió el silencio por imitar a Jesús calumniado
e injuriado. Se preparó con humildad para afrontar este momento: “Debo
prepararme para esa humillación, si Dios la quiere, y lo haré humillándome
desde ahora; para eso me sobran motivos. Lo bueno que hay en las obras que El
ha puesto en mis manos, es todo de El: mías son las imperfecciones”
[24]
Fue un momento muy difícil, pero correspondiendo a la gracia de Dios superó toda
excitación. En sus apuntes escribe: “Entre las cosas que me rodean,
hay algo que se dice de mí y que me causa muy grande horror. Puede ser
un rumor ofensivo como tantos otros. Pero si Dios, en sus altos fines, quisiera
esa cruz para mí...¿qué deberé hacer? No tengo que
pensarlo... Haré la voluntad de Dios. Señor, aunque juzgue necesario
mi honor sacerdotal para mantener las obras que tú mismo me has confiado
y pese a mi grande resistencia, me dejo en tus manos y hago el completo sacrificio,
costándome mucho...Señor, si no fuera por ti, preferiría
la misma muerte.
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Elijo
con toda mi voluntad, lo que sea tu sapientísima voluntad.
Sé que soy muy frágil, muy miserable, pero mi voluntad
es firmísima y sé que tú la sostendrás.
Quiero la deshonra, quiero el desprecio de todos para imitarte
como verdadero amigo...”
[25]
Llegado el momento del diálogo hizo a Dios su donación. Escribe: “Llegó la
hora temida. Pero gracias a Dios no perdí la paz. Estoy en Ejercicios
y sentí la fuerza de la gracia. Señor, mil y mil gracias, por tu
bondad infinita, te entregué mi fama y mi honor...”
[26]
El primer teólogo de la Relatio et vota sobre las virtudes, da su
juicio al respecto en los términos siguientes: “En esta ocasión
verdaderamente excepcional, el heroísmo del Siervo de Dios,
compendia una serie de virtudes: la humildad, el amor iluminado y la
confianza en Dios, la fortaleza y la persuasión de que las obras de
Dios no tienen necesidad de los hombres”.
[27]
Por las numerosas obras realizadas, por su ardiente celo sacerdotal y la
calidad de su donación “José María de Yermo y Parres es una
figura excepcional de sacerdote y de apóstol. Su apertura a las necesidades
humanas lo hace un precursor del apostolado de nuestro tiempo, no sólo
en el seno de la Iglesia mexicana y latino-americana, de la cual el Siervo de
Dios es una de las figuras más representativas del principio del siglo
XX, sino aún en cualquier moderno ambiente de evangelización”.
Es esta la conclusión del Congreso sobre las virtudes heroicas del Beato
José María de Yermo y Parres.
[28]
El Papa Juan Pablo II el día de la Beatificación realizada el 6
de mayo de 1990 en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en
la Ciudad de México, entre otras cosas, dijo de él: “En él
están delineados con claridad los rasgos del auténtico Sacerdote
de Cristo, porque el sacerdocio fue el centro de su vida y la santidad sacerdotal
su meta.”
1 Positio super virtutibus,
Vol. 2, p.162.
Positio super virtutibus Vol. 1, p.1579, 1588, 1622.
idem, pp.61-62.
Positio super virtutibus, Vol. 2, p. 1773.
idem
Voto del segundo teólogo censor de los escritos, Positio
super virtutibus, Vol. 2, p. 1779.
Positio
super virtutibus, Vol. 2 , 1777.
Informatio, pp.
CXLIV-CXLVII.
Positio
super virtutibus, Vol.I ,p.
268.
Informatio, pp. CXVIII-CL.
11 idem, pp.CL-CLI.
idem, pp. CLI-CLV.
idem, p. CLV.
Positio super virtutibus, Vol 2, p. 1649.
Informatio, pp. CLVIII-CLIX.
Positio super virtutibus, Vol.2, pp. 829-836
Positio super virtutibus, Vol. 1, pp. 181-185.
Positio super virtutibus, Vol.2, pp. 1430-1431.
idem, pp. 1650-1651.
Positio super virtutibus, Vol. I, p. 413.
idem, pp. 726-733.
Voto del segundo
Teólogo censor de los escritos. Positio
super virtutibus, Vol. 2, p. 1779.
Relatio et vota congressus peculiaris, 19 maii an. 1989, pp. 43-44.
Positio super virtutibus, Vol. 2, p.1013.
idem, p. 1011.
Positio super virtutibus, Vol. 2, p. 1014.
Relatio et vota congressus peculiaris, 19 maii an. 1989, p. 13.
28. dem,p.128
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